El héroe cotidiano: la crisis

    Por: Delia Steinberg Guzmán

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    El viejo concepto de los griegos clásicos acerca de la ‘crisis’ es hoy más actual que nunca. Evidentemente, nos guste o no el aceptarlo, estamos en crisis, y eso significa que estamos en un momento de cambios, en el vértice donde el ángulo presenta doble sentido.

    En los momentos de crisis, o sea, de cambios, todas las cosas suelen presentarse inestables; la inseguridad y la duda están a la orden del día y nadie quiere arriesgar grandes empresas porque nunca se sabe qué pasará mañana. Son estos instantes de crisis los más apropiados para que los hombres suelan enfrentarse sin tregua. Se oponen aquellos que están de uno y del otro lado del cambio: los que miran hacia lo que se deja atrás y los que sueñan con lo que vendrá en el futuro.

    Cada cual tiene buenas y sobradas razones para defender su posición; y cada cual la defiende con los métodos propios de la crisis: violencia e incomprensión.

    En la crisis, en el cambio, en el gozne de la Historia, es difícil ver con claridad. En la crisis, los filósofos proponemos mantener –y valga el símil– la figura geométrica del ángulo, con sus dos lados en distintas direcciones, pero unidos en un vértice para tener sentido.

    En el pasado existen, sin duda alguna, elementos desgastados e impropios, probados en el fracaso e inválidos por su inutilidad; pero en el pasado se acumula también la rica experiencia que permite renovar los éxitos y evitar los fracasos. En el futuro se gestan, sin lugar a dudas, las glorias venideras y no podemos ignorarlas, pues todos caminamos hacia ellas; pero no aceptar sin más que todo lo que vendrá será mejor por el solo hecho de ser diferente.

    El cambio es renovación: construir, sobre el soporte de las viejas y poderosas columnas del pasado, los bellos capiteles del trabajo actual. Solo así elevaremos el edificio de la historia.

    Nueva Acrópolis Santo Domingo