domingo, noviembre 28, 2021

La endemia del Ecuador

Por: José Albuja Chaves

El 17 de diciembre de 1830 el Libertador Simón Bolívar cerró sus ojos para siempre y entró en el andarivel de la inmortalidad, al cual llegan los seres que han trascendido la historia  terrenal misma.

Cuando el Ecuador actual se encuentra encajonado en la perversidad de un secuestro de corruptelas, vienen a mi mente  las palabras contenidas en lo que debe ser la última carta y el último legado a los pueblos que añoró verlos libres y unidos, y que escribiera, ya en su lecho del dolor, al general Juan José Flores, a la fecha ya dirigiendo nuestro destino “democrático” como país independiente de lo que fuera la Gran Colombia. Pero, decepcionado, afirma “ese pueblo está en posesión de la soberanía y hará de ella un saco o un sayo, si mejor le parece; en esto no hay nada determinado aún, porque los pueblos son como los niños que luego tiran aquello porque han llorado… Mañana se matan unos a otros, se dividen y se dejan caer en manos de los más fuertes o más feroces. Esto es la política”.

Bolívar, cuando presiente su cercano final, se vuelve más profundo, pero más real y objetivo. Menos soñador para aceptar una realidad que la esquivó siempre con su decisión y su valor sin límites. Pero lo vemos a un hombre decepcionado y presto a descender al sepulcro que lo confirieron los voraces de siempre.

Y le dice a Flores: ”Ud. Sabe que yo he mandado 20 años y de ellos no he sacado más que pocos resultados ciertos: 1.-La América es ingobernable para nosotros. 2.-El que sirve una revolución ara el mar. 3.- La única cosa que se puede hacer en América es emigrar. 4.- Este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles de todos los colores y razas. 5.- Devorados por todos los crímenes y extinguidos por la ferocidad, los europeos no se dignarán conquistarnos. Mi consejo a usted, como amigo, es que en cuanto se vea próximo a declinar se precipites usted mismo y deje el puesto con honor y espontáneamente. Nadie se muere de hambre en la tierra”.

“La súbita reacción de la ideología va a llenarnos de cuantos males nos faltaban o más bien los va a completar. Todo el mundo va a entregarse al torrente de la demagogia y ¡desgraciados los pueblos! Y ¡desgraciados de los gobiernos!”.

¡Y éstos tienen la espada de Bolívar!

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