lunes, noviembre 29, 2021
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El diario de Cristóbal de Troya

Pablo Rosero Rivadeneira

“En el paraje del río Palabí, en donde desemboca y se junta con el río Santiago, a diecinueve días del mes de abril del año de mil seiscientos siete, el Capitán Cristóbal de Troya, Corregidor y Justicia Mayor de la Villa de San Miguel de Ibarra (…) dijo que por orden del Presidente de la Real Audiencia y Cancillería residente en la ciudad de Quito, ha venido descubriendo y señalando el camino  que se pretende construir desde la citada villa hacia el Mar del Sur…”.

Así rezan las primeras líneas de la ‘Información hecha por el Capitán Cristóbal de Troya Pinque de la descripción de la provincia de los Manabas y costa del Mar del Sur’, hecha en Quito en 1607.  La ‘Información’ legalizaba lo actuado por el capitán Troya durante el viaje, desde el 29 de marzo hasta el 23 de abril de ese año entre Ibarra y Ancón de Sardinas (el actual puerto de San Lorenzo). Cumpliendo el objetivo fundacional de la Villa, Troya se aventuró “con veinte soldados y diez arcabuces” en busca del camino más expedito para llegar al Pacífico y de ahí a Panamá y a España.

Día a día, Troya narró las incidencias y peripecias del viaje a través lugares y nombres que persisten hasta hoy: Salinas, Palacara, Lita, Guallupe (deformación de Guadalupe), el río Mira, el río Santiago… El Viernes Santo los sorprendió en medio de la agreste montaña de Lita y el Domingo de Pascua, “habiendo oído misa, confesado y comulgado”, se embarcaron en unas balsas para, días después, arribar al río Santiago. Ya casi en la desembocadura de éste, Troya estuvo a punto de perder la vida cuando su balsa naufragó.  Asido a uno de sus palos, consiguió nadar y llegar a la orilla.

Ya en la desembocadura, encontraron “un ancón (ensenada) grande llamado de Sardinas”.   Troya ordenó al piloto Franco de Jío que evaluara la capacidad y la profundidad del puerto. Jío concluyó que en el puerto podían recalar “navíos de hasta cuatro y cinco mil arrobas de peso”. Declaró que el clima es sano, que “no hay mosquitos ni otras sabandijas (y que) en esta región hay gran cantidad de maderas para los menesteres más variados (…) y que se puede levantar un astillero para fabricar navíos y aderezarlos con facilidad”.

A pesar de condiciones tan favorables, el camino trazado por Troya tardó casi cuatro siglos en hacerse realidad. Hoy, si queremos dejar de ser una ciudad de paso, debemos plantearnos un nuevo sueño fundacional. Uno que no tarde en cumplirse otros cuatrocientos años.

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