Calladitos

    Matías Dávila

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    ¿Se siente usted representado por alguien dentro de la Asamblea Nacional? ¿Se siente representado por el poder ejecutivo o por alguno de los jueces del poder judicial? La mayor parte de ecuatorianos a los que les he preguntado esto han respondido que no.

    No es un fenómeno nuevo, tal vez desde la aparición del Internet, cuando pudimos abrir los ojos al mundo, lo local dejó de tener importancia. Pero no pasó solo en la política, el fútbol es un ejemplo claro. Hoy entre los niños ecuatorianos hay más hinchas del Real Madrid y del Barcelona de España.

    Einstein decía que locura es buscar resultados diferentes haciendo lo mismo. Si ya no nos representan, ¿por qué insistimos con necedad en el formato?

    Los seres humanos fuimos los que creamos los sistemas políticos. Esta aclaración para los que creen que este modelo nos fue dado por ‘Taita Dios’. No. Nosotros fuimos los que lo creamos así es que nosotros mismos somos los llamados a modificarlo.

    Con la cantaleta aquella de que cada país tiene su propia realidad, nos han hecho creer que no se puede cambiar el sistema obsoleto por alguno que esté funcionando mejor. El parlamento sueco es un gran ejemplo de lo que digo. Mientras en un país pobre como el Ecuador, una asambleísta como Guadalupe Llori gasta 50 dólares en una cena y 400 en un alojamiento, los suecos que provienen de un país rico, tienen diputados que viven en apartamentos muy pequeños, que lavan ellos mismos su ropa, que pagan sus desayunos y que no tienen carros oficiales sino una tarjeta para el transporte público. Raro será el lector de esta nota que no coincida conmigo en que los políticos no deberían tener trato preferencial por representarnos. ¿Privilegios especiales? El solo hecho de representarnos ya debería ser un privilegio en sí mismo. Más aún si con sus decisiones están cambiando el futuro del país. ¿Podemos cambiarlo? Si, por supuesto. ¿Estamos dispuestos? No, la comodidad y la falta de iniciativa comunitaria nos juega en contra. Entonces, a cerrar la boquita, a seguir votando y a aguantar calladitos.