Versión ‘Capaya 2.0’

Kléber Mantilla Cisneros

Ya es común que a los actos delictivos no se los resuelva en la justicia del Ecuador. La característica macabra del correísmo fue la impunidad que persiste como en sus mejores días. Pronto, Jorge Glas saldrá libre a disfrutar mucho dinero y Rafael Correa hasta podría volverse el ave fénix después de haber gobernado con el más cínico sistema de sobornos; el saqueo histórico en Petroecuador y la narco-política representada quedarán para los registros empolvados de la justicia de EE.UU. con escozor y bochorno.

El surrealismo del correato permitió saquear fondos públicos a base de componendas actuales y tergiversar la rendición de cuentas como sea. El caso Singue completa el fresco de lo que significó el auge de un saqueo depredador, corroborado por ‘Capaya 2.0’ (Carlos Pareja Yannuzzelli). Delincuentes declarados inocentes mientras la prensa mundial reconstruye con pelos y señales el lavado de activos de sobornos, las jugarretas del narcotráfico, el ruin mercado de hidrocarburos y la audacia de crear ‘off shore’ en paraísos fiscales. ¿Panamá, INA y Pandora Papers en contraluz?

Los ciudadanos tenemos el derecho y el deber de cuestionar: ¿por qué se repite tanta mediocridad e impunidad? Desde el bajísimo nivel de universidades —una, deudora de la Policía— hasta la (in)justicia homicida en cortes y el rol desastroso en embajadas. Es que la venta del Banco del Pacífico se fue por una alcantarilla porque nada está cambiando. Ni la falsa narrativa del fútbol se salva de la corrupción. La supuesta adulteración de identidad del seleccionado Byron Castillo, que fue desestimada por la FIFA para el Mundial de Qatar, acarrea una sanción disciplinaria. Y, ¿quién pone su mano al fuego?

Lo grotesco, reconocer que nos gobiernan desde las redes sociales y el WhatsApp, sin empatía ni respeto ni transparencia. Cero en educación superior y civismo. Con pleno deseo en la juventud por huir del país. Empero, la fiebre del fútbol distractora, por debajo de corporaciones radicales, autoritarias y más imbecilidad social; cual dioses en la búsqueda de dinero: grandes auditoras de petroleras, la venta de autos lujosos en medio de una oprobiosa pobreza y fabricantes de venenos dulcificados. Así, todo hace pensar que el reto inmediato, más que hincharnos de orgullo por la Tri, es no perder la esperanza de transformar la vida, nuestra manera de pensar y cambiar gobernantes.

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