domingo, noviembre 28, 2021
Editorial Columnistas Nacionales Terrorismo carcelario

Terrorismo carcelario

Rodrigo Contero Peñafiel

Los terroristas son expertos en el control de las mentes. Matan a pocas personas, pero consiguen aterrorizar a millones de seres humanos en el mundo y sacuden enormes estructuras políticas. Los accidentes de tránsito, las enfermedades, la pandemia del covid-19 matan a millones de personas en el planeta; entonces ¿por qué temer al terrorismo? Porque es una estrategia militar que busca cambiar la situación política de un país sembrando el terror y causando daños humanos.

Es una táctica adoptada por el narcoterrorismo, que no puede infligir mucho daño material a sus “enemigos” pero desata mucho miedo en la gente como evidencia principal. No siempre es factible cambiar la situación política de un país a través de la violencia, exceptuando a Nicaragua, Venezuela y Cuba en Latinoamérica, Irak, Afganistán, Pakistán, Nigeria y Siria en Medio Oriente. Si sumamos todas las personas muertas y heridas por ataques terroristas, la cifra resultante es muy inferior a la de bajas por batallas o a la de la pandemia en los últimos años.

El terrorismo ha logrado extender el miedo en la población ecuatoriana con un objetivo concreto, el narcotráfico. Catorce años de una mal llamada revolución ciudadana, no fueron suficientes para devastar un país que se debate entre la corrupción, la violencia y la pobreza instituidas como forma de gobierno y que todavía persisten en algunas instituciones del Estado. Los hechos mencionados a través de la investigación periodística y narrados con sustento en varios artículos, revistas y libros, revelan problemas de personalidad en la mente de sus ideólogos, que buscan desestabilizar la democracia y las instituciones del país.

El gobierno está obligado a proporcionar seguridad a sus habitantes, por lo que deberán coordinar acciones con las diferentes instituciones del Estado, para no reaccionar de manera errada ante una arremetida equivocada del terrorismo y un grupo de políticos que nada tienen que perder, pero sí mucho que ganar: miedo, pánico y alterar la democracia ante hechos de corrupción manifiestos. El daño material causado por el terrorismo es mínimo, pero las secuelas bio-psico-sociales en la población son evidentes.

Artículo anteriorLa naturaleza no puede esperar
Artículo siguienteRetorno progresivo

Más columnistas

La Hora TV