Que los recaderos den espacio a los gobernantes

Sofía Cordero

La representación política se constituye a partir de una serie de elementos que la nutren. El derecho privado entiende la “representación” como la actuación en nombre de otro en defensa de sus intereses. También está la idea sociológica de representación como semejanza, a partir de características como identidad, género, clase, edad. Para hablar de representación política es necesario ir más allá. Los gobernantes electos no pueden limitarse a ser “recaderos” de un grupo de interés, sino que se constituyen en un puente entre la sociedad y el Estado, para lo cual es necesario abandonar el rol de simples delegados de sus electores y pasan a trabajar por los intereses de la nación entera.

El calendario electoral para febrero de 2025 ha empezado a marcar los tiempos políticos y se pueden identificar tres tendencias que definirán la contienda. Los ejes iniciales de Daniel Noboa centrados en la juventud, y en el lema “Los anti tienen techo, los pro son infinitos” le permitieron gobernar durante varios meses en un acuerdo legislativo que nunca transparentó sus implicaciones y compromisos. Las estrategias de comunicación dirigidas a los jóvenes colocaron al presidente y a su esposa como tendencias en redes sociales. Sin embargo, el presidente-candidato ha mutado y se presenta para esta campaña electoral como la opción anticorreísta. Por otro lado, la Revolución Ciudadana, lejos de mutar, ha consolidado su identidad. El carácter de sus miembros de ser “recaderos” antes que gobernantes ha quedado definido a partir de los hallazgos que se desprenden del caso Metástasis.

Aún queda abierta una tercera vía, aquella que fue violentamente silenciada el 9 de agosto de 2023 con el asesinato de Fernando Villavicencio. Merecemos que ese espacio sea llenado por representantes capaces de gobernar para todos, y que los recaderos del crimen organizado, o sus aliados momentáneos, pasen a la historia.