Confabula y ¿reinarás?

Rodrigo Contero Peñafiel

 La confabulación es la capacidad que tienen muchas personas de rellenar todos los huecos de la información, a fin de generar una narrativa que explique algo dudoso, haciéndolo creíble. Esta estrategia tiene la finalidad de obtener réditos que les sean favorables a sus autores. Cuando no se conoce la verdad o se pretende tergiversarla, se crea una realidad paralela, desde la cual actúan bajo supuestos y controvertidos razonamientos.

Este bloqueo de la información impide tomar decisiones adecuadas para solucionar problemas y conflictos que con el diálogo o la comunicación correcta podrían superar las discrepancias. Estos hechos se presentan con mayor frecuencia en la interacción social de grupos interesados en mantener el caos y la confrontación permanente. No podemos perder de vista las señales emocionales que emiten otras personas, incluido el lenguaje no verbal. Por eso, cada persona emite criterios completamente diferentes, incluso cuando se dan cuenta que están siendo manipuladas y temen emprender la retirada del grupo opresor o del ‘caudillo’.

En una cultura materialista como la nuestra, algunas personas -políticos generalmente- pretenden demostrar una arrogancia intelectual, y asumen que saben más de lo que en la realidad conocen, sin darse cuenta de que, sus falencias intelectuales, culturales y políticas los llevan a cometer hechos ridículos sin que tomen conciencia. No hay peor combinación que la ignorancia y la prepotencia, que impide reconocer las limitaciones y falta de preparación.

Si a esto se suma la obsesión por mantener una imagen que nunca fue real, pero imaginan tenerla —como el hecho de creerse triunfadores—, su personalidad lo niega y reprime cualquier idea contraria, llevándolo al campo de lo ridículo. La confabulación los lleva a proyectar en otras personas los rasgos propios de estos individuos que no están dispuestos a aceptar sus errores que les fueron impuestos por individuos paranoides, y que han dominado su vida y pensamiento por mucho tiempo. Al final, quien conspira no necesariamente lo consigue, la diversidad de reflexiones y el acceso a la información impide que la corona de los actores se conserve eternamente.