Quito y nuestro Panecillo

“El Panecillo es el corazón que irriga sangre al Hana y al Hurin Quito. Un corazón que late uniendo norte y sur. Es un lugar de importancia nodal donde confluye la bipartición sagrada de la geografía de nuestros ancestros. Shungoloma, Yavirak, Ñaguirak, Serpiente enroscada, Cerro hecho a mano. Aquí es donde los astros danzaban al ritmo del pingullo y la flauta y se adoraba al sol”. Susana Vega, investigadora del Panecillo, describe con esta hermosa puesta en valor la cosmogonía milenaria de nuestro hermoso cerro tan característico de la identidad histórica y geográfica de Quito y sostiene que para los quitus, shirys e incas la Olla del Panecillo era “arquitectura para encontrarse con lo sagrado”.

A las doce del día del 21 de marzo de cada año, fenómenos astrales se evidencian en la Olla del Panecillo, sostiene esta estudiosa, y señala que el sol entra por el círculo del templo durante el equinoccio: “la sombra desaparece, y se adentra en el hombre que alza sus manos y siente lo sagrado”. Quito es sagrada y espiritual, tenemos que redescubrirla. Festejarla debe significar conocerla, caminarla, defender su identidad, su legado, su historia. Cuidar el ecosistema del Panecillo, evitar su degradación agresiva o su banalización es una tarea fundamental.

‘Mi Panecillo querido’, albacito quiteño por antonomasia, escrito por Víctor de Veintimilla, es la  canción inmortal del dúo Benítez y Valencia dedicada a este coloso: “Si al retornar me obligas y al fin/ en tu regazo deba morir: monte que fuiste cuna del sol, de los Shyris santuario de su esplendor, Panecillo que no te olvido ayayay,/ ya no he de separarme de ti”. ¡Cuántas maravillas y secretos tiene esta ciudad, cuánta sabiduría! Quito, Luz de América y Patrimonio Cultural de la Humanidad debería celebrar y defender a su gente, a su legado cultural integral. Rodríguez Castello señala que parte del legado prehispánico de Quito se perdió por la quema que Rumiñahui ordenó ante el avance de los conquistadores. Hora de proteger y celebrar el alma integral y luminosa de Quito, hora de redescubrirla, valorarla y amarla.

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