domingo, noviembre 28, 2021
Editorial Columnistas Nacionales Quito se desmorona…

Quito se desmorona…

Alfonso Espín Mosquera

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), el 8 de septiembre de 1978, distinguió  a Quito como Patrimonio Cultural de la Humanidad, por tener el centro histórico más antiguo, más grande y mejor conservado de América Latina.

Esos eran otros tiempos. La capital tenía alcaldes y concejos que trabajaban con honestidad, distintos a Yunda, su hijo y los concejales actuales, varios de los cuales han hecho del cabildo su forma de vida porque en él van años sin beneficio para la ciudad.  No obstante, los tiempos pasados tampoco fueron perfectos. Se cometieron errores en el campo patrimonial; por ejemplo, se derrocó la vivienda en la que se originó la Leyenda de la Casa 1028, para construir el edificio Guerrero Mora; o se permitió la construcción del Edificio Bolívar, en lugar del inmueble colonial donde funcionó “El Santo Oficio”.

Por otro lado, Quito siempre fue cosmopolita, ha recibido históricamente una migración sobre todo de la sierra norte y central y, en los últimos años, una invasión desde Venezuela.

De hecho, la cantidad de habitantes y las condiciones de pobreza de miles de ecuatorianos y extranjeros, más una ola delincuencial que azota a la urbe entera y la escasa gestión del municipio actual, agravada por un par de alcaldes politiqueros en pugna, han deteriorado las condiciones de Patrimonio Cultural. En ciertos lugares icónicos de este galardón internacional, la ciudad es un basurero, como en el propio templo de San Francisco, en su atrio y fachada, una edificación infestada de heces de palomas que en número descontrolado habitan ahí.

Pero más allá de las construcciones patrimoniales y su conservación, cosa que no puede ser descuidada por nada, Quito requiere un baño de seriedad y moral por parte de sus autoridades. Pide desesperadamente estabilidad, planificación y fin a las triquiñuelas políticas, a los amarres que le han ido arrastrando al descuido, no solamente del casco colonial, sino  al abandono de barrios enteros de la urbe, en los que los baches, los sumideros tapados, la falta señalización, los cables colgando de los postes, la suciedad, el deterioro de los parques y, desde luego, la rampante delincuencia son el pan del día.

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