¡Inaudito!

Paco Moncayo Gallegos

Se ha sobrepasado todos los límites; se ha llegado a lo impensable; se ha pisoteado las bases fundamentales de un ordenamiento moral que es indispensable para sostener cualquier sistema jurídico y político que funcione.

Asambleístas al servicio de prófugos de la justicia que convocan a la Fiscal General, para tenderle una emboscada; representantes dizque del pueblo que no se cansan de perseguirla, acosarla y hostigarla ¿Por qué? Por haberse atrevido a cumplir sus funciones aplicando la ley, pero no como de costumbre, a los comerciantes minoristas de la droga o a sicarios miserables que matan por dinero; sino también  a los jefes, a quienes se han enriquecido y se enriquecen con singular avaricia, que se sabían impunes ante la ley y habían permanecido a salvo de ella, porque disponían de operadores en los más altos sitiales de la justicia y la política.

Lo que realmente está detrás de estas actitudes descaradas es una lucha despiadada de la narcopolítica por no perder el control de instancias de poder que ya habían alcanzado. Claro que, en algunos de los casos, la feroz competencia parecería darse en el marco de regulaciones constitucionales y legales; por supuesto que se procura preservar las apariencias; en verdad se respetan las formalidades; pero, sin duda, detrás de cada acción, de cada concurso, de cada proceso hay, como ha sido práctica común en todos estos años, el afán de controlar las instituciones claves para asegurarse la impunidad.

Para lograrlo, no hay regla que no se haya irrespetado, no hay norma que no haya sido pisoteada, no existe artimaña que no haya sido utilizada, ya ni siquiera con la precaución de hacerlo en la sombra, sino que de frente, a la luz del día, con la mayor desvergüenza e impudicia. Así han destruido a este país que vive las más sombrías horas de su historia, gracias a una clase política sin vergüenza, sin decencia, sin valores, sin principios; motivados solamente por las más repugnantes ansias de riqueza, enfermos de avaricia, angustiados por que les dejen disfrutar de  lo mal habido y dispuestos a todo, como lo demostraron en vil asesinato de Fernando Villavicencio y en las frustradas intenciones de deshacerse de Diana Salazar.