lunes, diciembre 6, 2021
Editorial Columnistas Nacionales Olas de inseguridad

Olas de inseguridad

Franklin Barriga López

Hasta no hace mucho, nuestro país era considerado como isla de paz, en medio del torbellino que golpeaba a los vecinos, generado por la virulencia guerrillera y hasta terrorista, vinculada al narcotráfico.

No hay que olvidar que Colombia y Perú son los principales productores de coca, base de la cocaína que, entre otros factores adversos, nutre al infame negocio de las drogas ilícitas de violencia, zozobra y corrupción.

En los últimos años, la industria del mal proliferó: fue injustificable desacierto el retiro del Puesto de Avanzada Norteamericano que funcionaba en la Base de Manta que cumplía acciones positivas y necesarias. La provincia de Manabí, ahora, está azotada por la siniestra actividad; en medio de gritos, como el consabido “el pueblo unido, jamás será vencido”, se llegó al colmo de  oponerse a la instalación de un radar militar en la cima del cerro de Montecristi, con el deleznable argumento de que podría afectar a la flora y la fauna de ese sector rodeado  de incontables pistas clandestinas de aterrizaje, a donde llegan avionetas de cárteles mexicanos y colombianos, cuyas prácticas de terror siguen los delincuentes criollos.

Son conocidas las masacres, especialmente aquella en la Penitenciaría del Litoral, que dejaron centenares de muertos y heridos por el enfrentamiento de los mafiosos, para mantener la hegemonía de los sitios de reclusión, que no deben ser escuelas del delito.

Guayaquil y Quito, entre otras importantes ciudades, sufren olas de inseguridad, alimentadas por los tentáculos de la droga y los inconfesables intereses de politiqueros sin escrúpulos, que tanto perjudican a la paz y al progreso. Bien hizo el presidente Lasso en decretar, por 60 días, el estado de excepción en todo el territorio nacional.

Sin seguridad no puede hablarse de desarrollo.

Artículo anteriorExtremismos
Artículo siguiente¿Quién paga la cuenta?

Más columnistas

La Hora TV