País de las distracciones

Manuel Castro M.

No me refiero a las distracciones inofensivas; ver fútbol, ir al cine, cortejar o ser cortejada o cortejado, según está de moda. Ni a las nefastas: robar profesionalmente, beber o comer en exceso, tener dos hogares, no hacer nada. Me refiero a las políticas: es obvio que Noboa quiere ser reelecto y los correístas sueñan con tener el poder nuevamente, así no sobre lana para llevarse. Cada cual trata de captarse más o menos a la ciudadanía. Para ellos el triunfo o la derrota no son dos impostores, como decía Borges, sino realidades para festejar o llorar.

Los correístas frente a los juicios penales incoados o sentenciados sobre sus amados capos y subordinados, que les restan votos aunque no les importa la mala imagen, manipulan -con Pabel a la cabeza- la cultura manejada por el Municipio, olvidando que la cultura es un conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico.

La Feria Internacional del Libro en Quito, a cargo del Municipio de Quito, es ocasión de discriminaciones de conocidos intelectuales y tribuna para pseudointelectuales correístas, quienes tratarán de lavar el cerebro a los concurrentes a ese evento.

Siguen las maquinaciones de los populistas e izquierdistas marxistas, pues cuando no les funcionan los votos o los fusiles tratan de tener el poder de la cultura, en pueblos que no tienen una fuerte atracción por la lectura. Igualmente se preocupan-junto a otros desocupados no desempleados- de los zapatos pantaneros del presidente, preocupación importante de muchos analistas ahora expertos en modas juveniles. Algo han tratado de escandalizar con el caso Olón por ser expertos en tales negocios. Intentan  distraer de las implicaciones criminales de sus adeptos en los casos Metástasis, Purga y que pase ignorada la ineptitud de los gobiernos municipales y provinciales sectarios, el fracaso de la administración y mantenimiento del Metro, el olvido en que viven  las comunidades pobres, la interrupción del soterramiento de los cables, etcétera.

El presidente Noboa, por su parte, pierde el tiempo, neuronas y, lo más grave, partidarios, tratando de no entregar el mando, durante la campaña electoral, a la vicepresidenta Abad. Un verdadero demócrata lo primero que hace es cumplir y hacer cumplir la Constitución Política.

Él escogió como binomio a la señora Abad, juntos triunfaron, ahora le toca dar fiel cumplimiento a la Carta Política, sin leguleyadas, que lo único que hacen es restarle credibilidad. Si la señora Abad no es hoy de su simpatía, quien además no ha cometido graves infracciones, no debe olvidar que es el Primer Mandatario de la Nación, no gerente general del Ecuador.