lunes, enero 24, 2022
Editorial Columnistas Nacionales Mana shuana, mana quillana, mana llullana

Mana shuana, mana quillana, mana llullana

Carlos Freile

Así sonaría en el quichua que hablaban nuestros compatriotas indígenas hasta hace pocos años; ahora se ha transformado en el conocido “ama shua….”: “No robar, no estar ocioso, no mentir”, forma, si no estoy mal informado, del habla cuzqueña. Esto a propósito de ciertas declaraciones muy conocidas por todos.

Según opinión de uno de los antropólogos más respetados dentro y fuera del Ecuador, Segundo Moreno Y., autor de libros fundamentales sobre el mundo indígena, en especial el de las rebeliones, este triple mandamiento no tendría origen incásico, ni tampoco prehispánico. En su libro “Simbolismo y ritual en las sublevaciones indígenas” (UASB/CEN, Quito, 2017, p. 34) la primera mención de estas normas se hallaría en un libro italiano de 1851, escrito por un autor “que nunca estuvo en el Perú” (cita de dos autores: Vilela y de La Puente, 2013, p. 139).

Cualquier persona, sin necesidad de ser especialista, puede consultar una serie de escritores de la época de la Conquista y principios de la Colonia, que narran diversos aspectos de las culturas prehispánicas y no va a encontrar ni el menor rastro de esa trilogía.

Allí están las obras del Inca Garcilaso, de Guamán Poma, de Betanzos, del Almagrista, de Santillán, de Santacruz Pachacuti,…. Todo el mundo las puede revisar. Que no se trata tampoco de una tradición oral transmitida por generaciones es comprobable por el hecho de que, hace unos años, en nuestro país nadie hablaba de eso.

Que todo grupo humano tiene derecho a establecer normas de convivencia es algo indudable, que esas normas en parte dependen de las culturas también (digo “en parte” por cuanto existe el permanente precepto: “Haz el bien y evita el mal”, concepto en el cual no puedo detenerme). Es derecho de los indígenas darse normas, siempre que no lesionen los derechos de los otros ecuatorianos, caso que no se da en el “ama shua…”

A este cronista le molesta el prurito de colocar todas las bondades en los Incas, ignorando que varias etnias prehispánicas los odiaban y por eso ayudaron a los españoles.

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