sábado, enero 29, 2022
Editorial Columnistas Nacionales La resistencia a la resistencia

La resistencia a la resistencia

Carlos Freile

En el año 2000 Ernesto Sábato publicó un libro formidable en el cual llama a las personas conscientes a resistir contra los males cada vez mayores sufridos por la Humanidad. Resalta el hecho de que cada uno tiene un papel frente a los acontecimientos destructivos de nuestro tiempo; sin descuidar los valores permanentes que el hombre debe mantener y los eternos problemas que enfrentar, pone el punto de mira en la crisis evidente en la cual nos hallamos enfangados. Ese libro se llama ‘La resistencia’.

En los últimos días hemos escuchado a varios dirigentes de organizaciones ciudadanas llamar a forjar un “año de la resistencia” contra los proyectos del actual gobierno. Frente a ideas diferentes a las suyas solo aciertan a responder con la obstrucción cerrada. Sábato llamaba al diálogo humanista, al encuentro, pues cuando lo negamos nos atrofiamos como personas. En estos momentos cruciales para nuestra sociedad (los momentos políticos y económicos siempre son cruciales) las personas de convicciones humanistas debemos poner el hombro para resistir esa resistencia destructiva, sin futuro ni auténtico proyecto esperanzador.

Sábato nos urgía a preguntarnos: ¿Qué deberes reales debemos cumplir? No solo para nuestro bienestar individual, y hasta para nuestra serenidad espiritual, sino por el bien de la sociedad en su conjunto. La resistencia a la que nos llaman conduce a solo contemplar nuestros deberes, aunque su defensa radical lleve al colapso del conjunto.

Frente a los reclamos destemplados, surgidos de mentes enfocadas en su ombligo, tendientes a resistir toda reforma contraria a su propio provecho, Sábato nos pide resistir con la práctica de “valores espirituales en desuso: la dignidad, el desinterés, el estoicismo frente a la adversidad, la honestidad, el honor, (…), el respeto por los demás”.  Resistamos con Sábato a los resistentes sin vergüenza, esos manipuladores de la realidad, expertos en ocultar sus dislates, sus farsas, sus trapacerías; resistamos a aquellos que faltan a la palabra como si de silbar una tonada se tratara.

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