La religión católica y la mujer (III)

El espacio cultural en el cual comenzó la predicación de la doctrina de Jesús por parte de sus discípulos, quienes conformaban la comunidad llamada Iglesia y poco tiempo después, católica, era el Imperio Romano. Los romanos habían construido una sociedad tremendamente machista y volcada a la búsqueda del placer y del poder. La Iglesia inició una lenta pero imparable revolución con la defensa de los débiles, entre ellos la mujer. Desde el principio las mujeres tuvieron un papel importante en la nueva religión; asistían en igualdad de condiciones a los actos de culto y recibían los mismos sacramentos, con excepción del orden sacerdotal según lo establecido por Jesús. Las jóvenes mujeres católicas no sufrían la imposición de contraer matrimonio a temprana edad, tenían la misma dignidad que sus esposos, si enviudaban no se veían obligadas a contraer segundas nupcias, tampoco debían abortar o exponer a sus hijos (sobre todo niñas) por disposición del marido… como sucedía en el mundo pagano que las rodeaba. Por eso desde muy pronto el catolicismo fue muy atractivo para las mujeres de toda condición.

Muchas mujeres tomaron en sus manos la dirección de las obras de caridad mantenidas por la comunidad católica, comenzando por la ayuda a los pobres y a los enfermos. De aquí surgió el primer hospital de la Historia, fundado en Roma por una dama católica, Faviola; este ejemplo se extendió por todo el Imperio; luego aparecieron hogares para viudas, para mujeres solas, para huérfanos de ambos sexos.

Varios estudios sociológicos han mostrado que la comunidad católica crecía en mayor proporción que la de su entorno pagano, pues sus mujeres se casaban más tarde, y con ello la muerte por problemas en el parto disminuyó; al eliminar el infanticidio femenino el número de mujeres se equiparó con el de los hombres (en Roma había 130 hombres por cada 100 mujeres), lo cual coadyuvó a la defensa de su dignidad. En resumen, la influencia de la religión católica fue fundamental para la elevación de la condición de la mujer en la antigüedad. (Continuará)