En alcancía vacía

Kléber Mantilla Cisneros

Para nadie es secreto que el Metro de Quito ha sido víctima de la politiquería y la improvisación de las últimas cuatro alcaldías. Por eso, muchos nos sorprendimos ver al presidente, Daniel Noboa, vestido con traje informal, en un viaje subterráneo por los interiores de la capital, junto a otras autoridades; y, luego, especular financiar la extensión de una obra escandalosa; de naturaleza caótica. Un suceso repetido, a día seguido, con la pretendida construcción del Quinto Puente, en Guayaquil. Es decir, que si avanzarían estas dos obras de infraestructura, complejas y colosales, el novel gobierno millennial estaría dejando pistas de su plan vial o coloreando el retrato de una tétrica aventura.

Lo malo está en la alcancía vacía que le deja Guillermo Lasso y en que el Metro está lleno de problemas espeluznantes. Un rancio registro de una década de corrupción, endeudamientos y pago de sobornos, incluso indagado por la Fiscalía española. El drama incierto del barrio Solanda, al sur de la capital, a punto de desintegrarse. Una espera indecorosa de indemnizaciones y procesos legales contra la constructora Acciona; la firma que alertó en algún rato con filtraciones de combustible sobre las rieles. No obstante, lo políticamente urgente es crear un sistema interconectado de rutas de buses, taxis y ciclovías. Y, fijar una tarifa popular coherente con la movilidad quiteña.

En cambio, el Quinto Puente, de Guayaquil, busca evitar que la carga pesada ingrese a zonas pobladas. Más bien que sea una ruta compacta directa hacia los puertos. Hay una acumulación de estudios que versan alrededor de las disputas entre el poder central con el seccional. Una reyerta rústica de 15 años y tres gobiernos versus la gran alcaldía del litoral, pues no hay una fórmula única de planificación. Sin duda, cada territorio tiene su propia dinámica y controversia. De hecho, el uso del espacio público es un negocio, así como la movilidad de las actividades laborales y comerciales. La clave está en desplazar el cargamento sin dañar la expansión urbanística; y, cuidar el costo del suelo y servicios básicos.

Lo crítico está en inventar un gabinete ministerial vacío de quiteños y en ausencia del agro de la serranía central. Así, el abucheo a la autoridad está muy próximo y temprano. La desproporción de las finanzas y la violencia de género aunque sea diplomática activan muy rápido las formas de libertad de expresión y rechazo. En este tipo de escenarios: el Metro o el Quinto Puente, no se pueden cometer o repetir errores; dar largas o usarlos para la demagogia. Peor aún, con alcancía vacía y un plan tributario corregido o atenuado para las bananeras, más delatador que los odios y traiciones de un Parlamento.

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