Chimenea navideña

Kléber Mantilla Cisneros

La influencia del narcotráfico en la política actual afecta la cultura, educación, costumbres, deporte y la interpretación de la justicia. Es imposible pensar en mejoría tras un escenario tenebroso que entrelaza: impunidad, inseguridad y el respaldo oculto de las élites. En agosto pasado, las mafias políticas y los carteles de la droga habrían asesinado al político Fernando Villavicencio; en un magnicidio eternamente incierto. Con argucias, ahora, varios actores políticos enredan la (in) justicia y buscan un juicio contra la fiscal, Diana Salazar y destituirla. Hasta hay un pacto grosero de tiendas políticas, con el objetivo de callar la narcoviolencia y consolidar la impunidad con tintes de gobernabilidad.

 Pero, ¿cuál es la mafia más poderosa del país? ¿Quiénes son los testaferros de corruptos enquistados en equipos de fútbol y medios de comunicación, como dice el embajador de EE.UU, Michael Fitzpatrick? ¿Cuál es el grupo que le amenaza de muerte y ‘todos los días’, al presidente Daniel Noboa -lo dijo en la sede de Naciones Unidas-? ¿Y, a quién le pertenecen los cargamentos de droga, armas y ametralladoras, con ultra tecnología, capturados recién por las fuerzas del orden? ¿No es 2023, el año más sangriento de la historia nacional? Entonces, ¿por qué tarda la aprobación de una ley de extinción de dominio, que aprehenda la totalidad de bienes y el dinero malhabido del crimen organizado? ¿Para cuándo la cadena perpetua a sicarios, narcos y corruptos? Acaso, ¿esperamos a Papá Noel que baje por la chimenea?

 Lo que ocurre en las festividades navideñas no es lo normal. Hay mucho humo de incienso y una aparente sagrada familia en nacimiento con algo de gobernabilidad millennial que puede durar lo mismo que los cortes de luz suspendidos hasta febrero y la recaída vertical de la economía; o el inflar el endudamiento para cancelar los salarios de la burocracia y jubilaciones. Es que los poderes legislativo y judicial son como pastores y reyes magos de un país derrochador y corrupto que se reproduce mafiosamente. Esa acefalía en el control de las universidades y la falta de depuración de extranjeros en las plantas docentes recrean la seria dificultad de descorreizar un Belén lleno de mulas y borregos.

 De ahí, el regalo navideño innovador y drástico que deviene de liderar una consulta popular oportuna. Un cambio social que brinde prosperidad, confianza y seguridad. Pues, la pretendida inversión privada, la agro producción rural, los planes urbanísticos y el empleo juvenil están atados a las luces de una reforma constitucional acorde a la realidad y a una justicia punible que le haga frente a dos flagelos evolucionados: narcotráfico y corrupción. No podemos vivir lo atípico y esperar sentados una enorme reacción popular para corregir y encausar leyes caducas de un pasado catastrófico. Estamos a tiempo.

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