Carnavaliva

Kléber Mantilla Cisneros

El embrollo de los asambleístas correístas y socialcristianos para aprobar o rechazar el incremento del IVA al 15% demuestra una pobrísima actitud para legislar. El show dantesco de Mónica Palacios para obstaculizar investigar el crimen de Fernando Villavicencio amerita un bombardeo de huevos y harina. Una actitud extrema de polarizar la sociedad entre un populismo pre-electorero incitador del caos frente a la falta de financiamiento de una guerra interna declarada contra el narcotráfico y la delincuencia rancia de cuello blanco. Durante la irreverencia propia del carnaval se podría aprobar una sustancial reforma tributaria matizada por duras medidas económicas que encarecerán la vida de los ecuatorianos, pero con aires alegóricos; con ese colorido irónico entre comparsas y desfiles. Y, también fantasmas.

La militarización y desmantelamiento de las cárceles muestra resultados positivos que los narcopolíticos no pueden negar. El verdadero escándalo no es la prisión VIP de Jorge Glas; que clausuren las cuentas de Fito y de los choneros en los Estados Unidos; o, la demora en conocer quién dio la orden a los sicariatos, sino la cooptación del narcotráfico en el sector público y que nadie, hasta ahora, lo quiera abordar. El caso Metástasis, expuesto por la Fiscalía, demostró la infiltración narco en la Policía, la justicia y la legislatura, mientras que un último operativo contra la mafia albanesa delata vínculos con firmas exportadoras de banano, cárnicos y la compra-venta de inmoviliarias para el lavado de dinero ilegal. Pinta mucho: 47 toneladas de droga incautadas en un mes de guerra interna.

Es que varios sectores de la economía han sido comprados por la mafia. El subir o rechazar el alza de impuestos es parte de su éxito y de su manera de actuar. El dinero del narcotráfico nutre los escalones de una economía mafiosa y la superestructura de la sociedad y su cultura que se resiste a ser depurada. Por eso, antes de llegar a un proceso electoral, hay que transparentar las rutas del dinero sucio que dieron poderío a ciertos clanes políticos posicionados dentro del Estado. Gran parte de la burocracia actual se nutrió con dinero ilícito llegado por la apertura de fronteras y la mal llamada ‘ciudadanía universal’ del correísmo. Desde las mafias de Albania y Europa hasta lo negociado con Rusia y China.

En resumen, un carnaval para subirle el costo de la vida a los ciudadanos porque los ladrones ya no devuelven lo robado. Una pausa en la vida cotidiana, para el regocijo de unos y la suspicacia de otros, y que perdió su esencia religiosa hace mucho tiempo. Sin embargo, es un momento para liberar verdades y desenmascarar villanos, divertirse y celebrar la combinación de nuestra identidad con elementos históricos, ceremoniales y cívicos. Una ritualidad necesaria y de fe cristiana, tan longeva como los negocios que dan poderío y placer a las élites sociales. Aunque siempre es posible recurrir a la fe para alcanzar una democracia real y vivir en comunidad sin violencia. ¡Felices fiestas!

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