Educación, la base para que una sociedad camine hacia el primer mundo

José Alvear

El modelo educativo en cada país tiene sus propias características. Las metodologías de enseñanza giran en función de las necesidades emergentes de cada zona del mundo. Nuestra educación persigue principalmente que los ecuatorianos puedan incorporarse al mercado laboral y que, paralelamente, beneficien a la economía local.

Sin embargo, en Ecuador nos caracteriza la falta de infraestructura, poca preparación de los docentes, inseguridad, dificultades en la comunicación (no podemos hablar de poseer esa ventana llamada internet por falta de cobertura y hoy de electricidad), problemas de calidad educativa, salarios bajos a los profesores, mala comunicación entre escuela/familia y por último un detalle no menor: escasea esa cuota importante para tener mentalidad ganadora y competitiva, no se siembra en pilares conceptuales como son la disciplina y la constancia.

La actual tasa de analfabetismo se encuentra en el 7%.

Quizás sea momento de mirar con humildad a sistemas educativos exitosos como el de Japón, cuyo modelo educativo es tan eficiente que se encuentra dentro del conjunto de países con las habilidades más fuertes para aportar en modelos científicos a nivel mundial. Esa es la razón por la cual en el último informe PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos) Japón se ubica en los primeros lugares.

El 95% sabe leer y escribir una de las lenguas más difíciles de aprender.

El 95% de los que cursan secundario se reciben.

Esto se debe a un sinnúmero de factores que resulta útil considerar:

La responsabilidad: en el modelo educativo japonés no existen encargados de limpieza. Los estudiantes arman equipos para mantener su escuela limpia (pisos, bancas, pizarrones, patios inclusive). Todo pasa por la mentalidad que debemos empezar a cambiar en esta batalla cultural; esta actividad persigue responsabilidad y crear conciencia de cuidado, mantenimiento y valoración de lo propio (cuanta falta les hace esto a los funcionarios públicos que hoy tienen en sus manos la responsabilidad de los recursos que se pagan con nuestros impuestos). Por otro lado, al ser una actividad conjunta entre estudiantes y profesores se respira un ambiente de equipo y diluye la brecha de verse como enemigos por representar veredas paralelas. Imaginemos que en Ecuador dejáramos de vernos entre los ecuatorianos como enemigos por representar distintos sectores, entendiendo que el único interés es la excelencia como país.

Es que los japoneses creen que no solo deben enseñar habilidades académicas sino también buenos rasgos de conducta.

Los métodos de evaluación: deben ser exigentes para garantizarnos profesionales de excelencia y eso es bueno para competir en un mundo globalizado donde sobresale la calidad antes que la cantidad.

Los tres pilares bajo los cuales se apoya el sistema educativo japonés son conocimiento, moral (respeto a la familia, tradiciones, animales, y la naturaleza) y cuerpo (el deporte es fundamental con buenos hábitos alimenticios). Hay que apuntar a que nuestros niños desarrollen su personalidad con principios morales aprendiendo códigos para la convivencia.

Docentes: deben convertirse como en Japón en parte fundamental del entramado educativo. Para eso deben estar en continua capacitación y ser bien remunerados. En sus cabezas no existe la posibilidad de paros o huelgas, menos aún ideologías políticas. Su trabajo debe ser una misión y se ganarán el respeto de la sociedad.

Los padres: deben educar a sus hijos en casa. El fracaso escolar se considera una vergüenza para la familia.

La responsabilidad de un sistema educativo eficiente es de todos: Estado, docentes, familias y alumnos.

¡Por un mejor país donde sin perder nuestra esencia podamos copiar los ejemplos! ¡Por más libertad!