El chapa acostado y la política

Gonzalo Ordóñez

 Una amiga me contó que tuvo un novio policía. Le pregunté si cuando dormía era un chapa acostado. Se rio y luego me comentó que había terminado la relación porque él pensaba que ella debía seguirlo a todas partes. ¿A quién se le ocurre seguir a un policía? Lo normal es que el policía le siga a uno.

No es mi intención ofender a la Policía con un apodo que es parte de nuestra cultura popular, lo traigo a colación por la explicación de unos agentes, a propósito, de los chalecos antibalas. Comentaban que los chalecos los adquieren burócratas que no tienen idea de lo que significa cargar su peso todo el día, lo que afecta a sus rodillas y espalda; pese a que ahora existen tecnologías —comentaban— con ajustes más ergonómicos y ligeros.

Los funcionarios de rangos mayores deberían usar un día entero los chalecos, para entender la situación de quienes dicen dirigir y apoyar.

Con otra amiga comenté la necesidad de protección balística a la Policía. Frente a mi postura, ella me dijo: “Chapas hp, en el levantamiento indígena y popular del 2019 casi nos matan”. Quedé de una pieza y además recordé el caso de una joven de 16 años que perdió un ojo en la manifestación.

El Informe de la Comisión Especial para la Verdad y la Justicia (CEVJ) de la Defensoría del Pueblo, publicado en el 2021, concluyó que existieron: “Violaciones al derecho a la integridad personal 123, violaciones al derecho a la libertad personal 38, ejecuciones extrajudiciales 6, atentados contra el derecho a la vida 22, violencia sexual 3, lesiones oculares 20. Además, la CEVJ registró que 81 personas refirieron afectaciones psicológicas y 22 presuntos actos de persecución política. Algunas víctimas pudieron haber sufrido más de una vulneración”.

¿Entonces, qué mismo, a favor o en contra de la Policía? Piense en esto lector, durante el levantamiento del 2019, la policía contabilizó 435 heridos y 202 secuestros, algunos de estos por varios días (Human Rights Watch, 6 de abril de 2020). Por esa época una alumna comentaba en una clase que su padre, un oficial de rango medio, regresaba golpeado, que ella sabía que peleaba por la seguridad de su propia familia, ¿nos falta empatía?

La empatía tiene una fase de contagio emocional, es biológico, si alguien ríe a carcajadas experimentamos deseos de reírnos y comprendemos ese estado emocional. En la fase cognitiva podemos distinguir nuestras emociones de las ajenas y finalmente, la fase conductual que la sentimos, por ejemplo, cuando alguien necesita ayuda.

Pero la empatía no es algo automático, se produce fácilmente cuando es alguien cercano a nuestro contexto, así como no somos empáticos con quién consideramos no lo merece. Por ejemplo, esta semana asesinaron a Ángel Menéndez, alias Cara Sucia, un joven 18 años que inició su carrera como sicario a los 13 años.

 Podemos tomar varias posturas frente a su muerte, una opción sería afirmar: “bienhechito por maldito”, pero esa posición nos deja vacíos como personas y como sociedad. No cabe justificar la violencia, pero sí podemos explicar sus causas, pero como la empatía, no surge sin ningún esfuerzo, “debe ser fomentada y cuidada, y cuando las personas crecen en contextos que no la cultivan, será una habilidad poco desarrollada” (Gaceta UNAM, 8 de diciembre 2022).

Varios medios de comunicación han reportado como las bandas reclutan a niños que los usan como vigilantes (campanas), vendedores de drogas, cobradores de extorsiones o sicarios. Conocer las situaciones de otras personas nos permite comprender el panorama y abrirnos emocionalmente a nuestra propia humanidad. Recuerde, lector, que la base de un cerebro saludable es la bondad.

El problema de insensibilizarse, como si fuéramos un chapa acostado, es que nos deja vulnerables a cualquier líder radical, que mira el mundo desde una sola perspectiva. Por supuesto las víctimas, las mujeres, los niños, los ancianos tienen prerrogativas particulares, pero eso también es empático, porque como sociedad debemos proteger a los que por diferentes razones se encuentran frágiles.

Una sociedad humanizada es una oportunidad de vida para todos, nos protege de los políticos que convocan el odio, la ira y el miedo para evitar los acuerdos y negociaciones que facilitan la convivencia, pero les deja sin poder.