domingo, diciembre 5, 2021

Cielo o infierno

Alfonso Espín Mosquera

Para los cristianos habrá cielo o infierno, según los comportamientos de esta vida. Para las creencias orientales, se reencarnará en seres humanos de gran sabiduría, intelecto y bondad, si la vida que se ha llevado fue para el servicio de los demás y con honestidad, pero si las actuaciones han sido malas, se renacerá en seres inferiores.

En este mundo hay entes de buena fe, como los deportistas: Carapaz, Jéfferson Pérez, Rolando Vera, Neisi Dajomes, Tamara Salazar y otros que en su debido momento y por sus propios medios han levantado con honor la bandera nacional; o tantos ecuatorianos incógnitos que día a día se ganan con su esfuerzo y trabajo honesto el pan para su familia. Esos también irán a la tierra de los justos o a vidas superiores. Talvez se llame “Cielo” o reencarnarán en seres de luz; pero, otros nombrecitos, a los que bien conocemos: Yundas, Correas, Alvarados, Bucaram, Salcedos, Pólit, Glases, Rivadeneiras y una cantidad que no alcanzarían en el texto y que el país los recuerda con indignación, por ejemplo los que de la noche a la mañana se han enriquecido con contratos petroleros fraudulentos, o han sobrepreciado las contrataciones públicas o han cobrado dolosamente coimas, comisiones por dar trabajos; en fin, a todos esos malévolos seres que pululan como lobos detrás de sus presas, listos a lucrar de cualquier negociado y cuadrarse en la vida, esos seguro, y si realmente hay justicia, irán a la paila de azufre y fuego, u ojalá se transformen en alguna roca inmunda, de algún desierto yermo, a la que el viento deshaga en un tiempo lo más corto posible.

La verdad es que en cualquiera de las doctrinas espirituales se premia el bien y se castiga el mal. Solamente en algunos países, también en el nuestro, hemos visto celebrar los delitos como actos connotados, de seres superdotados, que se dan vidas espléndidas a costilla de las arcas fiscales.

Más allá de lo que pase en la otra vida, por tantos niños desnutridos, por tantos padres y madres de familia sin empleo, por los hospitales sin insumos médicos, las escuelas y colegios fiscales sin atención, las familias sin viviendas, por todos los ecuatorianos con derecho a una vida digna, si los políticos mañosos y deshonestos se van al infierno o reencarnan mal, qué bueno, pero ojalá desaparezcan para siempre por el bien de todos.

Artículo anteriorLos talibanes criollos
Artículo siguienteTiro al pie

Más columnistas

La Hora TV