Cerda ante la turba

La asambleísta Rosa Cerda es la nueva ofrenda de sacrificio que el sistema político ha colocado sobre el altar de la turba enfurecida. La rabia tumultuaria que se cierne sobre la legisladora nos sirve de recordatorio de la patética dinámica que impera ahora en la formación de la opinión pública.

En una reunión de coidearios, Cerda quiso advertir a la gente de su partido que, si hacían algo mal, ella no tendría empacho en fiscalizarlos, por más que fuesen sus colegas. Si hubiese dicho “así que mejor no roben, o si van a robar más les vale que roben bien, porque si los descubro los castigaré” no hubiese habido gran problema. En cambio, se pronunció de forma torpe; dijo “así sean de Pachakutik, cumpliré mis funciones; si roben, roben bien, justifiquen bien, pero no se dejen ver las cosas” y luego saltó al quichua.

Alguien malintencionado editó la grabación de la intervención y la arrojó a los leones en las redes sociales. Como era de esperarse, la turba, en un festival de pavoneo moralista, se relamió ante el deleite de poder reprochar y aleccionar, de “civilizar”, a una india que ocupa una posición importante y luce tan entusiasta. Sin embargo, lo verdaderamente lamentable fue que periodistas, líderes de opinión y políticos también se rasgaron las vestiduras. Ahora, incluso parece que la Asamblea tomará medidas al respecto. Es decir, un sainete de esta calaña puede llegar a tener consecuencias reales. Asusta imaginar lo que se podría empezar a hacer ahora con ediciones de videos filmados en un clima de esparcimiento.

Los políticos y los medios deberían introducir los temas trascendentes que orienten el debate público, pero, en lugar de ello, se dedican ahora a auscultar la cloaca de las redes sociales y actuar en función de lo que allí se diga. Cuesta entender cuál es la trascendencia de lo sucedido con Cerda. ¿Apología de la corrupción? ¿O acaso de verdad creemos que hemos sido testigos del mismísimo momento en que una asambleísta daba indicaciones clave para la consecución de un delito? Nada de eso. De lo único que hemos sido testigos es de cómo ahora vivimos bajo la histérica tiranía del chisme y de la cizaña gracias a la pereza de quienes tienen la obligación de pensar un poco más.

dmarquez@lahora.com.ec