Buenas personas que se dedican a la política

Antonio Ricaurte

En medio del lodazal, empecemos a rescatar a las buenas personas que se dedican a la política.

  1. Sin desconocer que muchos actores políticos están inmersos en el mundo siniestro: del ego, la vanidad y las ambiciones, que son el común denominador al ejercer poder, hay que empezar a rescatar a las buenas personas que se debaten en ese mundo.

Hoy quiero referirme al alcalde de Quito, Pabel Muñoz.

  1. En la vida, lo más importante es ser una buena persona, dentro de lo que cabe. Los seres humanos somos la peor de las especies. Estamos llenos de odios, frustraciones, resentimientos, egos, vanidades, complejos y ambiciones. Lograr ser una buena persona es tarea difícil, más aún cuando se está en el lodazal de la política, en donde afloran las más bajas pasiones del ser humano.
  2. Todos hemos cometido el error humano de odiar, atacar, insultar, envidiar, desear el mal. Lastimosamente es parte de la condición de nuestra especie.
  3. ¿Es posible ejercer la tan necesaria crítica y vigilancia ciudadana al poder de turno, sin apasionamientos y sesgos? No es posible. A los homo sapiens nos mueven las pasiones. Nos mueve el miedo, la frustración, el odio, la venganza, la envidia. Sin embargo, sí es posible hacer una pausa y regresar a ver sin pasiones, a quienes son buenas personas a nuestro alrededor; y, lo que es más importante en estos momentos de tantos ataques, miedo, frustración y violencia, aún es posible identificar a buenas personas que ejercen el poder, provengan del sector político que sea.
  4. Pabel Muñoz es un buen ser humano. No es mi afán entrar en detalles de cómo está llevando a cabo su gestión como alcalde o a qué partido político pertenece. Simplemente diré que es una buena persona.
  5. ¿Existen parámetros para determinar si alguien es una buena persona? Claro que sí: ser humilde, sencillo, amable, buen padre o madre, buen hijo, buen esposo o esposa, buen ciudadano, honesto; entre algunas virtudes humanas más.
  6. Salvar o rescatar a un político es tarea casi imposible. Lo hemos dicho; para ser político hay que estar enfermo: de ego, vanidad y de endiosamiento (hubris). Sin descartar un sinnúmero de complejos, odios y rencores. Sin embargo, como sociedad, debemos hacer un gran esfuerzo para abandonar la discusión negativa, tóxica, de bronca, enfrentamiento y odio. En el que todos hemos caído. Rescatemos, por lo menos, lo bueno, lo mejor de la humanidad de las personas.
  7. Pabel Muñoz es una buena persona. Humano, sencillo, buen padre, buen esposo, con muy buenas intenciones, con ganas de trabajar por la ciudad. Eso es lo más importante en la vida. Todo lo demás, por el momento, no es oportuno analizar. Después de tanta maldad y odio, es hora de respirar.
  8. Sigamos encontrando buenas personas en la gestión pública.