Anestesiados por el fútbol

Kléber Mantilla Cisneros

Desde hace mucho se critica la existencia del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, la ineptitud grosera de los partidos políticos y esa vacía institucionalidad de un Estado amenazado por la narcopolítica. Es así que la expulsión, destitución o reincorporación de autoridades a muy pocos les importa. Peor con la anestesia del Mundial de Catar que convirtió a un país sufrido en una encrucijada de bondad diseñada por intereses efímeros y oportunistas propios de nuestra politiquería histórica.

El anuncio de próximas elecciones y de una consulta popular requiere un debate profundo, integral y serio que los medios de comunicación clásicos no lo presentan. De ahí que las discusiones políticas aparezcan insignificantes y silenciosas frente a un comentario de fútbol, las noticias del desempleo crecente al lanzar un toque de queda o una investigación rigurosa sobre los retrasos de la ausente operatividad del Metro de Quito. Simplemente, los ciudadanos no confiamos ya en los protagonistas de la política. Y, en esencia, seguimos embolatados entre fútbol y festejos; sin cambios apremiantes.

Pese a todo, el gobierno está en obligación de desempolvar temas cruciales. Ejemplos: la concesión minera y su rechazo en el campesinado, el fracaso de la venta del Banco de Pacífico, el aumento masivo de migrantes al exterior, los casos de corrupción recurrentes en éste régimen, la inmovilidad del IESS, lo incipiente de la universidad ecuatoriana, el financiamiento narco en candidaturas de alcaldías y prefecturas, la tasa de criminalidad en la población de niños o la venta sanguinaria de ametralladoras y fusiles sin marca, entre otros. La crítica social jamás puede esperar ni retrasarse.

Sin embargo, ese desgaste de una mala gestión pública puede pasar factura en el momento menos indicado. Con suerte, después de la alienación mundial capturada por la magia del fútbol y el último mes festivo del año. Pero, la dicotomía queda: el escepticismo y la incertidumbre, ¿hasta cuándo duran?  Y, si las promesas incumplidas son muchas, ¿hasta qué día se mantendrán irrefutables? ¿Hasta cuándo la invasión mediática planetaria podrá salvar al gobernante que mira a otro lado la pobreza extrema de la gente? En fin, tanto en el fútbol como en lo cotidiano, todos seguimos expectantes.

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