18 días; 15 centavitos

El acuerdo de paz literalista y escabroso, de alivio entre las organizaciones indígenas y el gobierno, se cocinó a fuego lento después de tres hechos políticos trascendentes. Dos regresivos, como fue el intento golpista del Legislativo activado por la bancada correísta para instrumentalizar la ‘muerte cruzada’, que no alcanzó los votos suficientes; al mismo tiempo, el protagonismo desestabilizador y planificado de fuerzas de ocupación conspiradoras en ciudades y carreteras con ‘infiltrados’ y grupos armados, sea en Puyo o Calacalí; guerrillas urbanas y rurales dispersas y teleconectadas. Cinco muertos y muchos heridos, durante dos semanas de caos, torpeza e incertidumbre.

Lo tercero, el secuestro sistemático de una población inmóvil resignada a aceptar lo que venga por falta de creatividad organizativa, espacios académicos infectados, e improvisación de un gobierno temeroso y pusilánime. Mucha dilatación, impunidad judicial cínica y pérdidas millonarias acumuladas por doquier. Un centenar de agresiones a la prensa por registrar un despelote pintoresco e irracional. Una verdadera involución histórica del progreso y recuento de una democracia irreal. Nada que ver con economía formal, educación superior, cultura híbrida o derechos humanos del mundo actual; pero sí, un espejo del Ecuador profundo; del país invisible, de barriadas marginales y del campo que nadie lo quiere ver.

Quito convertida en ciudad fantasma, que vuelve a ser arrasada sin culpables y facturas pendientes. Un epicentro desgastado por batallas campales y destrozo de calles, plazas y los ataques en las cercanías del parque el ‘Arbolito’; de infinitas caravanas blancas y auto convocatorias firmes, vigorosas y serenas. Con ciudadanos dispuestos a denunciar, argumentar y combatir ese vandalismo iracundo ciego; quiteños dispuestos a reconstruir, a empezar, a reconocer y apoyar lo que se haga bien para la nación.

Tal vez quepamos todos en el acuerdo de paz: ‘indígenas-gobierno’ y nos levante el espíritu cívico y reinaugure universidades que reinventen la narrativa del anti capitalismo, los derechos de la naturaleza y la izquierda fogosa. Un pensamiento proactivo nuevo y otro imaginario de los subsidios, más elaborado pero cierto. Es que menos 15 centavitos a los combustibles no valen lágrimas, sangre y la guerra.

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