‘Anti-receta’ para la fuga de capitales

Las noticias sobre compatriotas que eligen invertir sus recursos fuera del país siguen apareciendo. A la constante pérdida de capital humano que conlleva la emigración se le suma una aparente huida de capital financiero. No solo que la inversión extranjera es prácticamente nula, sino que el país fracasa incluso en el cometido de retener la riqueza de sus propios ciudadanos. Se trata de una realidad preocupante; el progreso y el crecimiento económico se dificultan cuando los excedentes, en lugar de reinvertirse en el mercado interno, se escabullen a otros destinos. La pregunta que cabe es si el país está verdaderamente dispuesto a hacer lo necesario para revertir esta dinámica.

Ecuador ya ha acumulado suficiente experiencia como para saber qué no funciona al momento de evitar que los capitales se marchen. No sirve el demagógico discurso patriotero que invita a los ciudadanos a inmolar sus recursos como muestra de un supuesto compromiso con el país. Tampoco sirven los castigos tributarios, como el Impuesto a la Salida de Divisas, que más dificultan el ingreso que la salida de capitales, y que terminan siendo una cómoda fuente de recaudación para el Estado.

Es necesario entender que invertir es un acto profundamente racional y calculado. Si el Ecuador aspira a que los capitales se queden aquí, necesita ofrecer condiciones objetivamente convenientes —reglas claras, seguridad jurídica, respeto a la propiedad privada, beneficios tributarios, etc.— y superiores a las de otros destinos. Además, solo resultará convincente si lo hace de forma sostenida y a largo plazo. Cualquier otra receta, sentimental o coercitiva, solo será pérdida de tiempo.