Día del Civismo

    Ángel P. Chaves Álvarez

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    De no ser por un espacio en los medios formales de comunicación generado por el Ejército para conmemorar el día de esa fuerza militar, creo que muy pocos ecuatorianos habríamos advertido que el 27 de febrero de 1829 tuvo lugar una gesta gloriosa de las fuerzas militares del entonces denominado Departamento del Sur de la Gran Colombia al mando del Mariscal Sucre frente al ejército del Perú, pero más allá de aquello, que ese día lo celebrábamos como el Día del Civismo.

    Es claro entonces que hemos ido desplazando en nuestra vida a un rincón cada vez más remoto, esa convicción íntima que denominábamos civismo, que no es otra cosa que un sentimiento de pertenencia a una comunidad y de identificación con sus problemas más sentidos, que debe llevarnos a guardar una conducta consecuente con ello.

    Identificación y conducta; si, las dos caras de la moneda. Si no sentimos en lo profundo de nuestro ser que somos parte de una comunidad, que nos identificamos con ella y que tenemos conciencia de ese sentido de pertenencia, es obvio que no tendremos ninguna posibilidad de entender las angustias que viven en el día a día los miembros de esa comunidad y desde luego, poco o nada nos importará su destino y desde luego, poco o nada querremos hacer para superar su situación.

    No se trata pues de un discurso patriotero sino de una identificación que ha de llevarnos necesariamente al ejercicio generoso de la solidaridad; casi un ejercicio abstracto, en el que se van perdiendo los perfiles individuales y vamos identificando esto que llamamos Patria y nos comprometemos con su destino y despertamos un sentimiento generoso de adhesión a sus mejores anhelos.

    Civismo es entonces identificación y compromiso; es sentir en nuestra alma al Ecuador profundo y por ello, asumir una sincera actitud de interés por su destino.