Despenalización

    Freddy Rodríguez García

    Quizá lo más cómodo hubiese sido no comentar el tema, por lo sensible, pero mi conciencia me dicta que debo expresar mi opinión, aún a riesgo de que no guste o sea mal interpretada. La Corte Constitucional, a mi juicio acertadamente, declaró inconstitucional la frase de la norma penal, que permitía la interrupción del embarazo fruto de una violación solamente si la mujer agredida padece de una enfermedad mental, por lo que, al eliminarse esa condición, cualquier mujer que resulte embarazada en esas circunstancias puede interrumpir su embarazo, sin riesgo de ir a la cárcel.

    ¿Por qué a una mujer se la obliga a continuar con un embarazo fruto de una relación no deseada, y es más, consumada brutalmente? Los estudios demuestran que la tragedia es aún mayor, por cuanto la mayoría de las violaciones se producen contra mujeres adolescentes, y por personas muy cercanas a su círculo familiar.

    ¿Era justo que una mujer vaya presa entre por dos años, por interrumpir un embarazo producto de un acto de violencia irracional? Me parece que no. Las opiniones en contrario, especialmente fundamentadas en profundas convicciones religiosas, son muy respetables, y mencionan el derecho divino a la vida desde la concepción. Yo también soy católico, pero honestamente creo que, en estos casos, las creencias religiosas deben quedar en el fuero interno de la persona, y si una mujer violada decide continuar con su embarazo está en total libertad de hacerlo, pero no se puede exigir a todas las mujeres que hayan sufrido un trauma de tal magnitud que tengan esa misma actitud casi heroica. Se argumenta también como una “solución” que la mujer, una vez que nazca su hijo, lo puede entregar en adopción, lo cual conlleva una serie de problemas posteriores, que pasan por el triste futuro que posiblemente le esperará a esa criatura. Merece un aplauso la posición del Presidente electo, quien se ratificó en sus convicciones religiosas, pero democráticamente respetará la decisión de la Corte.

    Se ha dado un primer paso, pero falta el más importante: atacar la raíz del problema, la violencia de género, y su eliminación solo se logrará con educación y más educación.