Año de olvido

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    Quienes tenemos la fortuna de mantenernos aún con vida, podemos señalar que este año que culmina está entre los más difíciles que nos ha tocado vivir en los últimos tiempos y, sin lugar a dudas, quisiéramos que se quede en el olvido porque nos va dejando mucha tristeza, melancolía, impotencia, y de igual manera reflexión, concientización y hasta agradecimiento.

    Apenas inició el año, desconcertadamente, tuvimos que entender que se avecinaba un daño a la salud humana, lo peor es que se encontraba en la atmósfera haciendo que se propague velozmente sin dar tiempo, por lo menos para ir comprendiendo y precautelar sus síntomas y sanación.

    De un momento al otro nos vimos encerrados en nuestras casas con restricciones que no calaban en ese momento en la mente del ciudadano, pero que debíamos aceptar si queríamos mantenernos en esta vida, por supuesto, la sobrevivencia como entes de generación fue la prioridad para mantenernos firmes ante la adversidad que se nos estaba viniendo.

    No conforme con ello, el martirio del afligido ecuatoriano, la clase politiquera que siempre ha buscado y busca aprovecharse y humillar al país sin la menor decencia, también ha estado al orden del día con las escalofriantes noticias de corrupción, abuso y disputas que solo, entre quienes, buscan intereses personales puede suceder.

    No hemos estado libres de la ira de la madre naturaleza con sus fríos y calores asfixiantes y hasta la erupción de uno de los volcanes que dañó gran parte de los cultivos, siendo los más afectados los campesinos.

    Pero no podemos dejar de mencionar al aparto de justicia que no ha podido demostrar la sensatez, conocimiento, al momento de administrar lo fundamental de vivir en sociedad: la justicia, sin ánimo de ofender, pero dejan mucho que desear.

    No perdamos la esperanza y que el próximo año sea de bendición para los ecuatorianos.