Abajo el tinglado

    Rocío Silva

    Parecía que todo lo proyectado para enfrentar en la emergencia del Covid-19 en Ecuador, daba resultados contrarios, soñábamos con las pruebas masivas, y llegaron a Quito pruebas chimbas, queríamos ayuda para aquellos que viven del día a día y asomó primerito la “sin gluten” (léase sobreprecio Ocles), los negociados de las fundas para cadáveres, el robo de medicinas del IESS y tantas otras situaciones vergonzantes en extremo.

    Lo más aconsejable era dejar de ver noticias y redes sociales, pero seguimos en pandemia y a la larga, era lo único que nos conectaba con la realidad nacional; entonces, vino un proceso electoral, que nos puso en estado de angustia general, un trauma colectivo. No era para menos, un proceso aturdido en la primera vuelta, dio como resultado una ráfaga sangrienta de sed de venganza.

    Con lo cual, fue muy fácil que en todos reviviera la pesadilla de octubre 19, y con la misma, el nefasto lapso tétrico de diez años de los correístas en el poder. Ahora que estamos a un mes de una verdadera transición democrática, nos damos cuenta, que tampoco, estuvieron ausentes del poder, en estos cuatro últimos años; ahí estaban enquistados en la burocracia, un grupo de privilegiados peones, que urdían toda clase de argucias para hacer ver que este Gobierno, no tiene credibilidad y ellos seguían con sus tramas de corrupción de la más alta gama (léase Contralor Celi).

    El escenario temporal, era el tinglado más adecuado, para sus fechorías desde la administración pública, pues, con la pérdida de la normalidad, el miedo del impacto económico, la pérdida de conexión con las personas y el exterior; les era muy fácil, activar el resentimiento social, nos percibían cómo lo que en realidad éramos en esos momentos, un grupo humano que está “hecho ojo de nigua”; al que era fácil convencer que el avance de la pandemia obedece más a decisiones políticas que a cuidados individuales, sufrimos una violencia social-emocional con la campaña de Arauz, quien a la larga no pudo ocultar que era uno de los privilegiados peones, cuyo tinglado se vino abajo.