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Sábado, 4 de Febrero de 2012
Nicolás Kingman (Loja, 1918). Periodista, escritor y polÃtico. Hombre comprometido con su tiempo, su obra y su vida son imprescindibles para comprender al Ecuador de la segunda mitad del siglo XX.
Dioses, Semidioses y Astronautas
Génesis
Cuántos dÃas, meses, años, centurias de trajinantes pies desnudos desollados; de pies con duras oshotas de cuero o alpargatas de cabuya fatigados y aun deformados con franciscanas sandalias....
Dioses, Semidioses y Astronautas
Los descarriados
Una mancha de golondrinas, desplazándose desde una de 1as torres de la iglesia, emprendió su revoloteo en el preciso instante en que las campanas iniciaban su son monótono y tibio como el aire crepuscular.
Dioses, Semidioses y Astronautas
El hijo pródigo
Cuando se levantó aquella mañana, y vio el horizonte sin una nube, decidió partir. "Me voy", dijo a su madre, y ella le rogó: "No lo haga, aquà tiene de todo.
Dioses, Semidioses y Astronautas
Salmos
Todos en alguna ocasión hemos tenido nuestro refugium pecatorum, señor Vicario. En estas pequeñas ciudades aisladas, carentes de todo halago, en donde no hay siquiera con quien platicar....
Dioses, Semidioses y Astronautas
La casa de Dios
El templo con olor palpable, penetrante, a flores marchitas, a cirios ardientes, a incienso, está deshabitado a esta hora muerta, vacilante, ingrávida, en que los fieles en congregación reciben...
Dioses, Semidioses y Astronautas
La caÃda
Me parecÃa oÃr el ruido de las cañabravas al trizarse con el peso de los cuerpos retorciéndose en estrecho, convulsivo abrazo; revolcándose en el follaje como reptiles sedientos.
Dioses, Semidioses y Astronautas
Lamentaciones
Todo coincidÃa, se asemejaba a lo de aquella tarde ya lejana, cuando su voz profunda resonaba en la intimidad de su cuarto sumido en la penumbra, desordenado y atiborrado de libros....
Dioses, Semidioses y Astronautas
Los treinta denarios
Le inquietaba que el Embajador que sólo habÃa venido para mirar pinturas y esculturas, que se podÃan observar de una sola ojeada, perdiera y le hiciera perder tan lamentablemente....
Dioses, Semidioses y Astronautas
Extremaunción
Copioso reguero de sangre, abigarrado tropel de gentes lanzando gritos confusos como en una manifestación de protesta y un persistente ladrar de perros desde cada puerta, desde cada hueco de vecindario...
Dioses, Semidioses y Astronautas
El diluvio
AllÃ, a orillas del rÃo de aguas turbias, turbulentas, sitiadas de tristeza, plantó su casa de guadua y sembró su huerto. Quedaban para el recuerdo los parajes yermos, mezquinos, nebulosos....
Dioses, Semidioses y Astronautas
Tránsito a la eternidad
Sorprendido vio en el rÃo reflejarse su imagen aureolada. Su rostro largo, anguloso, atormentado, pero pespunteado de luces y comprendió recién que en ese dÃa (no importaba cuál, jueves o sábado....
Dioses, Semidioses y Astronautas
Reminiscencias
Usted lo que tiene es melancolÃaÂ, le dijo el doctor Peláez después de examinarle por menos de un segundo las pupilas. Es posible que esté siendo vÃctima de alguna brujerÃa, de algún "virote" como...
Dioses, Semidioses y Astronautas
Tribulaciones
Hay un olor a fermento en el aire de la tarde que se aleja esparciendo sus últimos fulgores tras los cerros. Uno de los del grupo, reunido en una esquina de la plaza, comenta:
Dioses, Semidioses y Astronautas
Un rebaño sin pastor
Fuimos despertados abruptamente por el redoble de las campanas. Entonces salimos a las calles desorientados, aún sonámbulos y corrimos en dirección a la iglesia. Muchos lo hacÃan en paños menores...
Dioses, Semidioses y Astronautas
El camino del Señor
¡ Ay de ti, CorazaÃn! ¡Ay de ti, Betsaida!Â, recitaba apesadumbrado don Galileo con el evangelio en sus manos. Luego, dirigiéndose a los que le rodeaban, decÃa:
Dioses, Semidioses y Astronautas
Homo inmortalis
¿Que qué, que qué? -Que Monfilio ha vuelto y dice que ha venido con un santo milagroso de carne y hueso, que hará llover y hará más milagros que el Señor del Casanto y que...
Dioses, Semidioses y Astronautas
Perdón de las ofensas
Tal vez a ustedes les haga caso, tal vez a ustedes que son sus sobrinos. La gente está indignada. Dicen que es un loco y que es mentira que cura. Pero lo más grave es que toda la culpa me la achacan...
Dioses, Semidioses y Astronautas
El que impera sobre los vientos y el agua
Con la primera oblea se hizo el viento. Cuando empezó a flagelar los campos, la llanura; cuando cubrió y ocultó con un manto de polvo el perfil de los cerros y sacó de raÃces los árboles (los pocos...
Dioses, Semidioses y Astronautas
Las primeras curaciones
Bien Âle dijo el Maestro a Monfilio-, mirando desde su ventana un cielo invernal de helado azul transparente y de nubes dispersasÂ, he logrado normalizar el tiempo, desde ahora en adelante...
Dioses, Semidioses y Astronautas
Confesiones
Le habÃa llamado paisana, paisanita, le habÃa dicho. "Si yo era de los de su jorga, de los que jugábamos con usted a la rayuela, de los que andábamos tras suyo admirándola", pero ella no lo reconocÃa...
Dioses, Semidioses y Astronautas
El pacto
Estaba fastidiado por esas letras, por esa esquela inesperada: "Y si no tiene inconveniente, le agradeceré visitarme cuando lo crea oportuno". Aparentemente era una invitación cordial, amistosa....
Dioses, Semidioses y Astronautas
El impostor
Ney Palma, de los Palmas de la calle nueva, le habÃa dicho llamarse asÃ, pero cuando en su búsqueda llegó a preguntar por él en casa de esa familia le negaron conocerlo.
Dioses, Semidioses y Astronautas
Invocación a la muerte
En su desesperación se habÃa hecho morder por una serpiente. Por una coral de hermosos anillos rojos y negros como un collar, que habÃa encargado secretamente a un campesino, quien le aseguró...
Dioses, Semidioses y Astronautas
El carro de Yahveh
Nos seguÃan los cantoaullidos de gallos y de perros -¿nos seguÃan?- nÃtidos, nacidos en la oquedad desdibujada del pueblo que se iba perdiendo entre nubes ateridas, mientras nos alejábamos...
Dioses, Semidioses y Astronautas
El milagro
Desde el púlpito, en la iglesia remozada, refaccionada Ãntegramente por Monfilio, inusitadamente repleta hasta desbordarse en un dÃa que no era festivo y a esa hora meridiana de un sol de dura sombra.
La escoba de la bruja
La escoba de la bruja
El Conde de Méndez Âcon su rechoncho cuerpo tendido sobre una hamaca de esterilla, que colgaba de las pilastras del amplio corredor de su casa de hacienda observaba con preocupación el vuelo...
Comida para locos y otros cuentos
El testamento
TenÃa los pies helados, mientras su cuerpo se quemaba en ese fuego lento, sin llamas, cuyo resplandor, sin embargo, lograba ver por momentos, cada vez que abrÃa los pesados párpados.
Comida para locos y otros cuentos
Las penas de Rosaura
En la casa grande, con patio, traspatio, pesebrera y huerto, la que mandaba era la Mama Carmen. Esclava liberta desde hacÃa treinta años, con el tiempo logró dominar a sus amos.
Comida para locos y otros cuentos
Plegaria en el siglo naciente
Ahà se hallaba mashando en la hamaca mientras el sol aplastaba los huertos y los cuerpos sudaban. Se estarÃa asà hasta que disminuyese el calor. Entonces se pondrÃa a gritar órdenes...
Comida para locos y otros cuentos
La profecÃa
La tierra es muy rica y abundante en oro, aunque hoy no permiten sacarlo los recién convertidos, porque tienen un abuso supersticioso de sus progenitores gentiles, de que perecerán todos si dejan...
Comida para locos y otros cuentos
Unas buenas cosechas
La tarde transcurrÃa perezosa en la aldea. Afuera brillaba el sol cubriendo la inmensa extensión del valle y de sus cerros. Sin embargo hacia frÃo. Un frÃo rabioso a causa de ese viento incesante...
Comida para locos y otros cuentos
Las cosas del Senador
A las crÃticas respondÃa el Senador filosóficamente: "Si hubiera imparcialidad podrÃa afirmarse que las obras que he realizado han sido de gran aliento".
Comida para locos y otros cuentos
El Comité Dos
Con la llegada de los señores delegados, petardos, gritos y alharaca quedó constituido el comité. Se eligió presidente a Don Segundo Sosa, de muy pocas ideas pero de proporciones económicas.
Comida para locos y otros cuentos
Comida para locos
A Pascual, unos chazos de Cariamanga le dieron un bebedizo de flores de guanto maceradas con aguardiente, para que adivine el lugar donde se hallaba una huaca que, según la leyenda, contenÃa...
Comida para locos y otros cuentos
Palmito, ParÃs chiquito
¿ Entonces, usté no sabe lo que pasó? Bueno, le contaré que éste fue un pueblo bonito, bonito como sus mujeres. Acá venÃan grandes señores a farrear. VenÃan desde sus haciendas o desde Guayaquil...
Comida para locos y otros cuentos
El mudo Moisés
Era el mudo Moisés un personaje extraño, allá en aquel barrio de gentes pobres en donde yo vivÃa. Nadie sabÃa de la vida de aquel hombre barbado y de mirada torva, que veinte veces al dÃa ascendÃa...
Comida para locos y otros cuentos
ParaÃsos perdidos
¡ Huuuy...!, los frÃos ÂdecÃan los arrieros estremeciéndose dentro de sus pesados ponchos negros de caucho ¡Los frÃos matan! Estaba tendido sobre un catre en el rincón de aquel único cuarto...
Crónicas periodÃsticas
Nicolás Kingman descubre al poeta Clavijo
Mi producción es armoniosa y vasta porque mi lira es ágil y oportuna pero igual que mi tÃa, vieja y casta, ha pasado la vida sin fortuna.
Crónicas periodÃsticas
La ciudad de los recuerdos
Cuando Henry Michaux, al finalizar la segunda década del siglo actual, visito Quito invitado por ese empinado poeta nuestro que fue Alfredo Gangotena (de cuya poesÃa tanto se comenta y tan parcamente...
Crónicas periodÃsticas
El Terrible MartÃnez: jolgorio e infortunio
Al referirme al chulla quiteño, decÃa yo en otro artÃculo que el Terrible MartÃnez fue su encarnación más auténtica. Porque quizá ninguno como él supo personificarlo tan original y fidedignamente...
Crónicas periodÃsticas
EpÃlogo de un drama en tres actos
Fue Jorge Icaza el de la iniciativa. Como autor y actor teatral de excepcionales dotes trató de formar el teatro de aficionados entre el grupo de intelectuales jóvenes de la época a fin de...
Crónicas periodÃsticas
El caso del lÃder burlado
Justo es reconocer que cuando el futuro lÃder populista se valÃa de este singular preámbulo oratorio, recién se habÃa iniciado en la actividad partidista (su versación se limitaba a las disciplinas deportivas...
Crónicas periodÃsticas
Una vieja amistad
La Asamblea Constituyente de 1944, convocada por el doctor Velasco Ibarra a raÃz de la transformación polÃtica del 28 de mayo, en ocasiones se convertÃa en un verdadero pandemónium, pero no todo...
Crónicas periodÃsticas
Drama tras las rejas
Con estudiada indiferencia y haciendo alarde de impavidez y sangre frÃa, le contesté que estaba perfectamente enterado que serÃamos ejecutados en la madrugada, pero como a mà la muerte...
Crónicas periodÃsticas
La invasión de los marcianos
La antigua ciudad, erigida por los conquistadores sobre los escombros de aquella que fue cuna y esencia aborigen y que hoy (se dice ciudad de don Sebastián de Benalcázar) y a él se la consagró olvidando...
Crónicas periodÃsticas
Novelista amenazado de muerte
Humberto Salvador, cuya valiosa obra literaria inexplicablemente permanece relegada al olvido, entre muchas de sus notables novelas nos legó una basada en los sucesos que el 28 de noviembre...
Crónicas periodÃsticas
Aventura en la AmazonÃa
El hidroplano al salir de un cúmulo de nubes densas y encapotadas, penetró en un trozo de cielo transparente que dejó al descubierto la infinita vastedad selvática y luego de describir un amplio...
Crónicas periodÃsticas
Historia de un entuerto
Ya viene, le advirtió con una imperceptible sonrisa de satisfacción el viejo operario que, sentado sobre un cajón a la puerta de la sastrerÃa, hilvanaba una prenda de vestir.
Crónicas periodÃsticas
El monstruo y el caso de los abrigos fantasmas
Allá por los años cincuenta, cierta tarde en que un viento helado y tenaz obligaba al aterido viandante a buscar refugio, que de no ser el de su hogar el más acogedor y tranquilo, bien podÃa reemplazar...
Crónicas periodÃsticas
Aquel maldito tango
En la Quito cautiva de antaño, ciudad de estrechas y limitadas lindes, de calles taciturnas y empinadas, campanarios seniles, casas con balcones combados y zaguanes profundos desde donde salÃan...
Crónicas periodÃsticas
El humor de los quiteños
Mucho se ha dicho y ponderado, pero poco se ha escrito, acerca del humor e ingeniosidad del quiteño. Del que nació quiteño o del que, provinciano, asimiló actitudes, usos y resabios de aquel...
Memorias
Fui un bohemio impenitente, pero sin ambiciones
Comenzaré refiriendo un dramático episodio que ocurrió en mi niñez y del que quedó como documento un dibujo bosquejado a lápiz por mi hermano Eduardo, cuando apenas tendrÃa unos seis u ocho años de edad.
Textos crÃticos
Sobre Comida para locos
A la falta de memoria habitual que padecemos en la grey dislocada de los "hombres de letras" ecuatorianos, ha contribuido Nicolás Kingman, el Nico Kingman, con un abandono total del oficio durante...
Regionales / Esmeraldas
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