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Desolación y solidaridad tras bajar el agua en inundación en Argentina

Miércoles, 3 de Abril de 2013

Vista aérea de una zona inundada en las afueras de La Plata, Argentina. AFP

LA PLATA, Argentina, AFP

 

Casas embarradas, calles anegadas, electrodomésticos inutilizables, ropa y colchones mojados, automóviles atravesados en las calles, llenaban este miércoles de desolación el barrio de Tolosa, uno de los más afectados por una histórica inundación en la ciudad de La Plata, 63 km al sur de Buenos Aires, sólo compensada por actos solidarios entre vecinos.

"Acá en la esquina hay un vecino que tiene un gomón (bote inflable)a motor, y se pasó toda la noche rescatando gente", contó  Paula Ischuk, de 30 años, mientras junto a su familia se empeñaba en sacar del interior de la casa de su madre, Marta Besga, una mezcla de agua, barro y gasoil que mancha y engrasa todo.

Paula, que había ido de visita la tarde del martes, no pudo volver a salir y debió refugiarse junto a su madre en la planta alta de la casa, tratando "de salvar lo salvable".

Su hermano Esteban Ischuk, de 35 años, llegó más tarde a la casa, con el agua hasta los hombros, pero no pudo ingresar al hogar porque a esa hora la puerta estaba trabada por el agua y debió pasar la noche en un techo de una pieza del patio, mientras algunos vecinos sólo pudieron dejar sus hogares y huir.

El agua aún tapa las veredas y en los frentes de las casas se ve la marca que dejó a más de un metro y medio de altura antes de comenzar a bajar.

A la vuelta de la esquina, Claudio González, de 38 años, se esfuerza para lavar la entrada a su casa, donde estacionó una camioneta 4X4 que durante la noche quedó debajo del agua.

"Hay que llamarse a la rebelión civil, no pagar más los impuestos", dijo este propietario de dos negocios de motos, de los que aún no tiene noticias ni sabe si se salvaron de la inundación ya que no pudo comunicarse porque las líneas de teléfono están inutilizables.

Enojado por la "inacción de tantos años" y porque no hubo ayuda del Estado, "sólo solidaridad de vecinos", González se lamenta pero reconoce que la situación de su familia no fue la peor.

"Dicen que hay muertos", comenta sin tener acceso a los noticieros porque la tormenta y 400 mm de agua caídos entre la tarde y noche del martes obligó a cortar la electricidad y los teléfonos móviles no tienen señal.

La inundación dejó al menos 46 víctimas fatales, en la ciudad de La Plata, de unos 890.000 habitantes, según la información oficial, y el acumulado en todo el país era de al menos 54.

Apenas 200 metros más arriba, en una calle un poco más elevada, vive Ofelia Wilhelm, madre de la presidenta Cristina Kirchner, en la misma casa de dos plantas donde la mandataria pasó su infancia y ahora tiene una discreta custodia en la puerta.

"Mamá está sin luz y gas pero no se quiere ir de la casa porque el agua le llegó a la puerta, tiene miedo que vuelva a llover y no se quiere ir porque tiene una gotera en el techo", contó a la prensa la jefa de Estado, quien llegó en helicóptero para recorrer la zona afectada por la catástrofe.

El barrio estaba conmocionado porque en la casa lindera, Ada de Castro, de 84 años, murió en la noche "seguramente del susto, de los nervios porque a ella no le entró el agua pero a su hija y a su nieto sí", contó a la AFP una vecina que no quiso identificarse mientras lamentaba la pérdida.

"Tengo 85 pirulitos (años) y hace 60 que vivo acá. Yo las veía a la presidenta y su hermana, cuando eran chicas e iban al colegio, jugaban en la calle", dijo Ida, una simpática y juvenil anciana, parada en la puerta de su casa.

Según la mujer, que fue la primera peluquera del barrio y cuando era pequeña dijo que conoció al mítico tanguero Carlos Gardel, es la primera vez que el agua entra en su casa y muestra la marca que no pasa el medio metro del piso.

A algunas calles de allí, Maximiliano Miceli, de 34 años, limpia su auto lleno de agua y barro. Miceli logró salvarlo de que sea arrastrado por la corriente atándolo a un árbol donde aún se ve la soga que usó.

"Es la primera vez que ocurre esto. Hace 40 años que vivo aquí, y nunca vi esto", dijo a la AFP Miceli, quien la noche anterior dio refugio en la planta alta de su casa a dos ancianos, tres niños y un discapacitado, todos vecinos del barrio que no tenían dónde resguardase ante la ausencia de la ayuda oficial.

Octavio Chatte, de siete años, juega con un pequeño palo que mete dentro del agua acumulada en la puerta de su casa y le repite a su papá, Fernando, de 57 años, que "esto no es sólo agua, es gasoil".

A medida que baja el agua, la gente se va reuniendo en las esquinas y se lamenta por las pérdidas. El comentario que predomina es sobre lo que sucederá en las próximas horas con la caída del sol, mientras comienza a surgir el fantasma de la inseguridad.

 

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