Ibarra. “A mis 23 años me sentía desilusionada, fracasada, siempre tenía sentimientos negativos, no tenía ganas de vivir, pensaba que la única forma de salir de este estado era la muerte.
Tenía una familia, un trabajo bien remunerado, me desarrollaba en un mundo de comodidades, pero sentía que todo me faltaba ”, así empezó su testimonio María Soledad, quien desde los 21 años se sumió en la tristeza, que le llevó a un estado de depresión.
Ahora a sus 25 años y luego de sobrepasar dos intentos de suicidio habla sobre el “mundo de tinieblas” en el que se encontraba.
La primera vez que trató de acabar con su vida tenía 23 años, tomó un fungicida y quedó inconsciente en su habitación. Por suerte sus familiares la encontraron a tiempo y la llevaron a una casa de salud.
Lavados gástricos, colocación de sueros fueron parte de las acciones médicas que lograron salvarle la vida.
Un año después nuevamente quiso morir, esa vez trató de cortarse las venas. “Por suerte mi hermana mayor me encontró cuando lo intentaba.
El rostro de desesperación que puso al verme, las suplicas y las lágrimas de mi hermana y mi mamá me hicieron reaccionar y decidí buscar ayuda”, estuvo un año en tratamiento psicológico, con charlas, medicamentos y apoyo de su familia “La Sole”, como le dicen en su casa, logró salir de la depresión. Aunque a veces dice sentirse algo triste, esta segura que no se dejará envolver por los “aires de la depresión”.
Pero el caso de esta joven no es aislado, pues según estadísticas de la Dirección de Salud de Imbabura, en el 2008, 617 personas fueron atendidas por depresión en el Hospital San Vicente de Paúl.
El 37% (232 casos) de esas atenciones fueron a personas de entre 15 y 35 años. Además, en el registro de la Dirección de Salud se evidencia que 179 imbabureños entre 36 y 49 años también sufrieron de depresión; 105 de 50 a 60 años y 67 de más de 65 años.
En el Hospital San Vicente de Paúl hay psicólogos y psiquiatras que prestan su servicio a las personas que padecen depresión. Hay un grupo al que quien necesita ayuda puede asistir y se mantiene total confidencialidad.
Enfermedades relacionadas
Trastornos de ansiedad y alimenticios, son condiciones que pueden empeorar a causa de la depresión. Se hacen investigaciones para evaluar la relación entre la depresión y las enfermedades físicas. Hay estudios que evidencian que cuando la depresión coexistente es tratada, los pronósticos mejoran sustancialmente para condiciones como: enfermedades cardíacas, SIDA, cáncer, enfermedad de Parkinson y diabetes.
SECUNDARIA
Detecte a una persona deprimida
Si usted sospecha que alguien de su familia sufre de depresión fíjese bien si presenta los siguientes síntomas: tristeza prolongada o ataque de llanto sin explicación, cambios notorios en los hábitos alimenticios y de sueño; irritabilidad, enojo, preocupación, agitación y ansiedad
También, las personas deprimidas pueden presentar pesimismo e indiferencia, pérdida de la energía y letargo persistente, sentimientos de culpa y baja autoestima, poca concentración e indecisión.
Se evidencia incapacidad para disfrutar intereses anteriores y aislamiento social; achaques y dolores inexplicables y, además, pensamientos recurrentes de muerte o suicidio
Si una persona presenta cinco o más de estos síntomas por más de dos semanas o si alguno interfiere con lo laboral o familiar, consulte a un médico para que le realice una evaluación.
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TERCERA
Es necesario tratarse
A la depresión se la conceptualiza como un conjunto de síntomas que afectan principalmente a la esfera afectiva: la tristeza patológica, el decaimiento, la irritabilidad o un trastorno del humor que puede disminuir el rendimiento en el trabajo o limitar la actividad vital habitual.
Alex Villavicencio, psicólogo, dijo que la depresión disminuye las capacidades físicas, emocionales e intelectuales de una persona. Comentó que la depresión es una enfermedad biológicamente y no se la pude tomar como una situación pasajera que se resolverá con el paso de los días.
Aseguro que hay casos en los que una persona deprimida requiere de la ayuda de un siquiatra o un tratamiento farmacológico que le ayude a recobrar el equilibrio en el funcionamiento de los neurotransmisores. Aunque aclaró que no debe existir abuso de los medicamentos.